Nos levantamos un poco pasadas las 8 de la mañana, solos en medio del bosque y desayunamos algo. Ese día fue de grabar, queríamos aprovechar la maravilla de sitio que habíamos encontrado para intentar grabar algunas tomas para nuestro canal de YouTube, al final pasamos todo el día. Es curioso lo difícil que es recordar como se habla cuando tienes una cámara enfocándote la cara, a ninguno de los dos nos es fácil ni nos sentimos al 100% cómodos grabando aunque tocará practicar para perderle la vergüenza. El día se había despertado frío y a medida que avanzaba se giró un viento aún más fresco, al final nos pasamos el día temblando delante de la cámara. No conseguimos mucho contenido que valiera la pena, eso sí tomas falsas tenemos mil. 
Cuando se hizo de noche empezó a llover y nuestros amigos nos habían advertido de que si llovía mucho no podríamos salir de esa zona. Preferimos no tentar a la suerte y dormimos en el parking. El día siguiente fue de reclusión en la furgo, llovía demasiado para salir pero no nos importó. Los días de lluvia son distintos cuando estamos en la furgoneta, invitan a no hacer nada, a mirar películas y series acurrucados en la manta y eso es lo que hicimos, junto con leer y trabajar un poco en el ordenador. Llevábamos ya dos días sin conexión y había ciertos trabajos que teníamos que hacer con internet, así que la mañana siguiente aprovechamos para ir al pueblo de Azrou a comprar comida y en busca de una cafetería que tuviera una conexión wifi decente. Llenamos la nevera pero lo de la buena conexión fue  más difícil, aún así logramos hacer algo de faena. Quisimos probar en un camping ‘Eurocamping’, a ver si teníamos mejor conexión y aprovechar para lavar ropa y cargar las baterías de la furgo, con tantos días de lluvia no queríamos abusar de ellas. El camping era muy barato y bonito, la gente que lo llevaba era muy amable. Tenía agua caliente y lavadora así que nada más llegar pusimos la ropa sucia a lavar con la mala suerte de que esa misma noche se puso a llover y tuvimos que meter la ropa en la cabina del conductor para que no se mojara más. El camping no tenía wifi, así que nos pasamos otro día incomunicados pero muy a gusto. Volvió a llover así que nos confinamos otra vez dentro de la furgo, la intención era hacer algo de trabajo, pero nos pasamos todo el día mirando películas de Harry Potter. Los trabajadores del camping nos regalaron una barra de pan por la mañana y un buen racimo de uvas por la tarde. Nos quedamos dos días y la ropa tardó en secarse tres… Por ganas nos hubiéramos quedado más tiempo en Azrou pero queríamos también enamorarnos de otras partes de Marruecos así que guardamos todo y nos lanzamos a la carretera otra vez.
Nuestro nuevo amigo Youssef nos había recomendado una ruta que nos dijo que no debíamos perdernos, así que le hicimos caso y pusimos rumbo a Sidiadi, Ainlouh y Oum Er-Rbia, todos sitios muy bonitos, pero lo que más nos gustó fue la carretera para llegar a ellos, realmente la más bonita por la que hemos conducido hasta ahora. Rodeados de árboles y monos, un regalo para la vista que vale mucho la pena en nuestra opinión. Es una de esas carreteras en las que en prácticamente cada curva quieres parar y tomar unas fotos, no podíamos parar de decir “Oh pero que bonic!!” y de vez en cuando nos teníamos que secar la baba. Solo por el hecho de hacer esa carretera ya mereció la pena desviarse de la ruta inicial, además es una ruta muy poco transitada por turistas extranjeros pero muy popular entre los marroquís. Llegamos a Oum Er-Rbia, es un sitio que podría ser precioso, pero pierde el encanto al estar repleto de chabolas y cabañas de tiendas para turistas. Al final, te encuentras con una cascada, con un acceso un tanto difícil, en el que si resbalas te vas fácilmente al agua. Fue un buen sitio para visitar, pero nada sorprendente. Quizas nos esperábamos algo más.
Seguimos nuestra ruta hacia el siguiente punto, se trataba de un lago dónde pasariamos la noche. El camino nos seguía sorprendiendo si cabe más aun, aunque las lluvias de los últimos días hicieron que en algún punto dudaramos de si nos quedábamos allí atrapados o conseguiríamos llegar a nuestro destino. Parece ser que acertamos al hacer un cambio de ruedas antes de nuestra partida. La carretera nos llevó entre campamentos Bereber hasta el lago Aguelmame Aziza. Un sitio precioso y extremadamente tranquilo, por lo menos en la época en la que hemos ido nosotros. Llegamos al lago y este sitio si que no defraudó. El lago se encuentra rodeado por un bosque denso verde azulado, que combinaba perfectamente con el azul turquesa del agua. Aparcamos la furgo en un punto y como ya era bastante tarde decidimos hacer un tagín en una cabañita bereber. El tagin estaba muy bueno, pero nos costó muchísimo terminarlo. La carne que había en ese tagín hacia el mismo olor que las curtidurías de Fez, cosa que nos provocaba arcadas. Nos sentíamos muy mal porqué no queríamos hacer un feo a la pobre mujer bereber, así que como pudimos nos lo terminamos.
Después fuimos a dar un paseo por el lago y los alrededores. Se respiraba mucha calma y tranquilidad. El lugar era perfecto para pasar la noche. Dormimos muy tranquilos allí mismo y ya por la mañana volvimos a la carretera rumbo hacia el desierto. 

Decidimos hacer una tirada larga y llegamos hasta Errachidia, a un park4night un poco antes de la ciudad. Era un embalse donde solo había dos pescadores y nosotros. Al llegar se nos acercó uno de los pescadores, un profesor de inglés en un instituto y estuvimos conversando un tiempo, al irse nos regaló dos granadas del patio de su madre que estaban deliciosas. El sitio era espectacular, por la mañana vimos la salida del sol, almorzamos tranquilamente y como no había ni una alma y hacía mucho calor, aprovechamos para tomar un poco el sol y leer. Hacia el medio día decidimos que tocaba trabajar. Se nos había acumulado trabajo que requería de un internet decente. Hicimos calculos y nos salía más barato ir a un camping que localizar una cafetería con wifi y dormir en un park4night, así que buscamos camping. Antes de llegar al camping nos asombramos por las vistas. De repente nos encontramos un río de palmeras kilométrico dentro de un gran cañón. No pudimos sino parar a mirar, nos lo encontramos de sopetón y era magnífico. Estábamos en Marruecos completamente distinto al que habíamos conocido hasta el momento. Habíamos visto montaña, árboles y vegetación y ahora estábamos rodeados de kilómetros de tierra árida, con pueblos de arena que parecían milenarios, bien camuflados entre las rocas del desierto y de repente, un oasis que parecía no terminar nunca. Kilómetros y kilómetros de un río de palmeras y justo dentro de él, el camping.

El camping Tifnir muy pequeñito y acogedor, pero por desgracia su conexión de internet era precaria en extremo y no pudimos hacer nada de trabajo. Así que la mañana siguiente bien temprano nos pusimos rumbo a otro camping y acertamos. El camping Tifina, una maravilla de lugar. Duchas enormes y individuales, cantidad de espacio y privacidad, conexión bastante decente a internet, piscina, restaurante y bar, ¿lo mejor de todo? que como es ahora temporada baja estábamos prácticamente solos. Nada más llegar nos pusimos a hacer faena y al cabo de unas horas conocimos a Manuel, un pintor español que estaba de ruta en moto por Marruecos, le invitamos a cenar a la furgo y estuvimos charlando un buen rato sobre historias de viajes y de la vida. Cuando nos levantamos la mañana siguiente nos invitó a ir a desayunar al pueblo y ¿cómo vamos a rechazar una invitación así? Ya nos pondríamos a trabajar a la vuelta. La vuelta se alargó, estuvimos comiendo, hablando y bebiendo te hasta casi las 3 del medio día. Al volver al camping tocó bañito en la piscina para pasar el calor antes de ponernos a trabajar en el ordenador. Estábamos muy a gusto trabajando en ese camping y los días pasaron sin darnos cuenta, nos podríamos haber quedado más noches porque trabajo teníamos, pero estábamos tan cerca de tocar las dunas que 4 días de curro eran suficientes por un tiempo. Así que el siguiente destino eran, por fin, las dunas del Sahara.

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